Cómo preparar croquetas de pollo. Si hay algo que a todos/as nos gusta son las croquetas, y cada persona tiene sus preferidas, ya sean las de su madre, las de su abuela, las del bar del barrio, etc.
Un plato que aprovecha esta preciada ave que tanto nos gusta y es que las recetas de pollo son las más buscada en google. Las croquetas es el aperitivo que somos capaces de tomar las veces que sean, con tal de volver a probar nuestras croquetas preferidas. En mi caso, casi puedo decir que me criado con ellas, ya que mi madre es una auténtica especialista en croquetas.
Con el paso de los años, de tantas que he hecho, ya le he cogido el puntillo a la bechamel, a la masa con el relleno y al rebozado. Es una receta que va muy bien para el aprovechamiento de restos de otros platos, y hoy toca el turno de un poco de pollo sobrante.
Si tenéis niños en casa es también una tarea para irles inculcando el amor por la cocina. Organizando el trabajo en cadena, disfrutarán muchísimo amasando y rebozando. Además las croquetas son una de las comidas preferidas de los peques, sé que muchas madres las usáis para que coman alimentos que no quieren ni ver delante.
Preparación de la base de las croquetas Para el relleno he aprovechado un par de pechugas de pollo sobrantes, que había preparado a la plancha. Las cortamos en dados pequeños, a vuestro gusto. Pero que no sean demasiado grandes. Picamos la cebolleta en brunoise fina, y la sofreímos 5 minutos (a fuego medio) en una sartén, con un poco de aceite de oliva virgen extra. Añadimos el pollo picado, mezclamos y salpimentamos al gusto. Cocinamos un par de minutos todo junto. Retiramos y reservamos. Ahora vamos con la bechamel, una de las claves de unas croquetas bien sabrosas. Hecha la bechamel, en frío, añadimos el relleno reservado y mezclamos bien. Removemos en círculos, para que quede una mezcla homogénea y sin grumos. Engrasamos una fuente con mantequilla y espolvoreamos la base con harina. Echamos la masa de las croquetas, la extendemos y tapamos con un film transparente. De este modo nos e os resecará la superficie mientras reposa en frío.
Preparación de las croquetas de pollo y presentación final Para que luego podamos manejar la masa con garantías, ésta necesita estar varias horas en frío, dentro de la nevera. La recomendación es dejarla hecha de víspera, para que se enfríe al menos durante 12 horas. Para el empanado de las croquetas, podéis darle forma de manera tradicional. Con la ayuda de dos cucharas o también hacerlas esféricas, ayudándoos de las manos. Con el tiempo que le hemos dado de frío no tendréis problema en moldearlas con facilidad. Batimos los huevos, y pasamos las croquetas por él. De aquí directamente al pan rallado y reservamos en un plato o fuente. Un truco que uso para este proceso, es echar el pan rallado en un “tupper” pequeño. Así las voy rebozando de dos en dos. Ya os he comentado en otras ocasiones que están mucho más ricas con pan rallado casero, es otro mundo. Vais colocando las croquetas separadas y se dejan de nuevo en la nevera al menos una hora. Las freímos en aceite de oliva bien caliente, en tandas de cuatro o cinco cada vez, hasta que estén doradas por todos lados. Reservamos sobre un papel absorbente, y así quitaremos el sobrante de aceite.
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Con el paso de los años, de tantas que he hecho, ya le he cogido el puntillo a la bechamel, a la masa con el relleno y al rebozado. Es una receta que va muy bien para el aprovechamiento de restos de otros platos, y hoy toca el turno de un poco de pollo sobrante.
Si tenéis niños en casa es también una tarea para irles inculcando el amor por la cocina. Organizando el trabajo en cadena, disfrutarán muchísimo amasando y rebozando. Además las croquetas son una de las comidas preferidas de los peques, sé que muchas madres las usáis para que coman alimentos que no quieren ni ver delante.
Preparación de la base de las croquetas
Para el relleno he aprovechado un par de pechugas de pollo sobrantes, que había preparado a la plancha. Las cortamos en dados pequeños, a vuestro gusto. Pero que no sean demasiado grandes.
Picamos la cebolleta en brunoise fina, y la sofreímos 5 minutos (a fuego medio) en una sartén, con un poco de aceite de oliva virgen extra. Añadimos el pollo picado, mezclamos y salpimentamos al gusto. Cocinamos un par de minutos todo junto. Retiramos y reservamos.
Ahora vamos con la bechamel, una de las claves de unas croquetas bien sabrosas.
Hecha la bechamel, en frío, añadimos el relleno reservado y mezclamos bien. Removemos en círculos, para que quede una mezcla homogénea y sin grumos.
Engrasamos una fuente con mantequilla y espolvoreamos la base con harina. Echamos la masa de las croquetas, la extendemos y tapamos con un film transparente. De este modo nos e os resecará la superficie mientras reposa en frío.
Preparación de las croquetas de pollo y presentación final
Para que luego podamos manejar la masa con garantías, ésta necesita estar varias horas en frío, dentro de la nevera. La recomendación es dejarla hecha de víspera, para que se enfríe al menos durante 12 horas.
Para el empanado de las croquetas, podéis darle forma de manera tradicional. Con la ayuda de dos cucharas o también hacerlas esféricas, ayudándoos de las manos.
Con el tiempo que le hemos dado de frío no tendréis problema en moldearlas con facilidad.
Batimos los huevos, y pasamos las croquetas por él. De aquí directamente al pan rallado y reservamos en un plato o fuente.
Un truco que uso para este proceso, es echar el pan rallado en un “tupper” pequeño. Así las voy rebozando de dos en dos.
Ya os he comentado en otras ocasiones que están mucho más ricas con pan rallado casero, es otro mundo.
Vais colocando las croquetas separadas y se dejan de nuevo en la nevera al menos una hora.
Las freímos en aceite de oliva bien caliente, en tandas de cuatro o cinco cada vez, hasta que estén doradas por todos lados. Reservamos sobre un papel absorbente, y así quitaremos el sobrante de aceite.